domingo, 6 de marzo de 2011

Quizás...

No será hoy, ni mañana, ni pasado
cuando pies y alma te pidan el regreso,
cuando calado de nostalgia hasta los huesos
des marcha atrás para desandar lo andado.

Puede que aguarde, cual Penélope paciente,
tejiendo esperas y bordando amarguras
o puede que abra mi puerta a la aventura
de encontrar algo de ti entre otra gente.

Quizás me halles contando los minutos
que me encadenan a ti desde tu ausencia,
o quizás busques en vano mi presencia
porque a mi amor no le sienta bien el luto.

Puede que arrugas me dibujen tu olvido
y que mis ojos sean mares de impaciencia,
o que mi orgullo se tome la licencia
de engalanarse con su mejor vestido.

Quizás mi piel se marchite en la espera
de que tus manos la rieguen con caricias,
o quizás beba de otro cuerpo la delicia
de florecer en una nueva primavera.

No será hoy, ni mañana, ni pasado
pero el fracaso será un día tu equipaje
y esas alas que ayer fueron tu bagaje
quizás me crezcan a mí y haya volado.
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martes, 1 de marzo de 2011

Te vencí

Llega despacio, de puntillas, silenciosa,
rozando apenas el aire que respiro.
Sombra invisible del fantasma que me acosa,
imperceptible como el más fugaz suspiro.

Siento en mi cuerpo su intangible abrazo,
envenenado como beso de serpiente,
y yo la ignoro, la esquivo, la rechazo,
cierro los puños y me muestro indiferente.

Me acorrala en la esquina de mi calma
y me recorre su mirada felina.
Soy presa fácil si no acorazo mi alma,
si no escapo de su presencia dañina.

Es sigilosa, pero siempre al acecho
de lanzarle un zarpazo a mi armonía,
de arañarme en lo más hondo de mi pecho
devorando lentamente mi alegría.

Cierro las puertas pero ella ya está dentro.
Como inquilina que se adueña de mi casa
sale a mi paso en indeseado reencuentro
y su esencia me contagia y me traspasa.

Me envuelve su halo de oscuras nubes grises
que ensombrecen mi mundo de colores.
Escalofrío en el calor de días felices,
mala hierba que germina entre flores.

Entonces es cuando la miro frente a frente
y una sonrisa disparo en su cabeza,
me escudo tras bellos recuerdos en mi mente
y, abatida, a mis pies cae la tristeza.
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miércoles, 23 de febrero de 2011

Todo y nada

Sin saberlo, fuiste todo.
Epicentro de mi vida,
la pasión casi suicida,
blanca luz y negro lodo.

Mucho dí a cambio de nada
creyendo en lo imposible,
presenciando el desfile
de vacías madrugadas.

Envuelto para regalo
te ofrecí mi cariño
con la inocencia de un niño
que desconoce lo malo

que esconde un corazón
egoísta y mezquino,
con la astucia de un felino
y la maña de un ladrón.

Te hiciste señor y dueño
de mi amor mientras yo, ciega,
desperdiciaba en mi entrega
irrecuperables sueños.

Tú, inalcanzable y lejano.
Yo, perro fiel, a tu lado
vivía por ser de tu agrado
y de amor moría, en vano.

Fui pañuelo de tu llanto,
bálsamo de tus heridas,
por ti olvidé mi vida
y a quien me quería tanto.

Espinas en mi corazón
y en tu boca miel y engaños.
Tras un fantasma mis años
perdí y dejé atrás la razón.

Espejismo en el desierto,
fuego fatuo en la noche.
Te seguí sin un reproche
en pos de un futuro incierto.

Pero el amor agoniza
y de inanición se muere,
si uno ama y otro quiere
el fuego acaba en cenizas.

Y en el vértice de un beso,
punto y final con rencor,
supe encontrar el valor
para iniciar el regreso

a mi punto de partida
y a rescatar mi cordura.
Pagué cara la factura
de ser juguete a escondidas.

Maltrecha y derrotada,
lamiéndome las heridas,
descubrí que, aún vencida,
yo fui todo y tú, nada.

Borraría en mi memoria
este capítulo amargo.
Me dueles y, sin embargo,
formas parte de mi historia.
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viernes, 18 de febrero de 2011

Amar o querer

Ni en sueños me consideres
premio o trofeo ganado.
No puede ser conquistado
lo que a nadie pertenece.

El amor no es esclavo,
ni lacayo, ni sumiso.
Ni ha de pedir permiso
para ir a ningún lado.

Libre es, y agoniza
si quieres echarle redes
y muere entre cuatro paredes
de soledad y de asfixia.

Como propiedad me quieres
y el amor no es pertenencia.
Tiene alas en su esencia
y se entrega libremente.

Ámame y no me quieras,
da tu amor sin condiciones
y el mío, no lo aprisiones.
Sé valiente y dale cuerda.

Deja que sea cometa,
no impidas mi viaje al cielo
ni tires del hilo en mi vuelo.
Espera, confiado, mi vuelta.

No me oprimas ni encarceles
pues solo ganarás mi huida.
Dí antes de entrar en mi vida
si me amas o me quieres.
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martes, 15 de febrero de 2011

Una muerte lenta

Debo confesarlo. Yo también formé parte del pelotón de fusilamiento. Fui, sin saberlo, una más de los miles y miles de verdugos que terminamos con ellos.
Pero lo peor de todo fue nuestra crueldad. No les dimos una muerte rápida y digna, sino que los matamos lentamente, poco a poco y día a día. Hicimos oídos sordos a sus súplicas y les dejamos morir.
Fui consciente del exterminio cuando ya, prácticamente, no quedaba ninguno.
Todos, uno a uno, fueron desapareciendo de mi calle, de mi barrio, de mi ciudad. Hoy quedan solo unos pocos, supervivientes que malviven y que ven su fin inexorablemente cerca. Agonizan y ya no puedo hacer nada por ellos porque yo también soy cómplice de su desaparición.
Un día fue el tendero, ese hombrecillo de sonrisa perenne que, como por arte de magia, parecía multiplicarse por mil para atender a toda la clientela.
Le llenaban la tienda, pero él nunca perdía la sonrisa ni los nervios. En la espera, sus clientes entablaban animadísimas conversaciones y hasta se olvidaban de su turno. Sin saberlo, era el punto neurálgico de la vida social del barrio.
Hoy ya no debo hacer cola para comprar en un pequeño local abarrotado de gente, porque me muevo por espacios amplios y luminosos.
Sin embargo, nadie se detiene a charlar conmigo ni, mucho menos, me regala una sonrisa.
Otro día fue la panadera, esa mujer rechoncha y de rojos mofletes que, para hacer más dulce mi espera hasta que el pan saliera del horno, me obsequiaba con una chocolatina. Mientras la saboreaba, me envolvía el olor a pan tierno y caliente que, una vez en mis manos, me quemaba.
Hoy ya no me quemo los dedos. El pan que compro hace ya horas salió del horno industrial y viene higiénicamente envasado en una bolsa de plástico.
Y, evidentemente, ya nadie me regala una chocolatina.
Más tarde fue el lechero, hombre altísimo y extremadamente delgado. Su piel era tan blanca como la leche que, recién ordeñada, me llevaba a casa en un recipiente de metal. A través del aluminio podía sentir en mis manos su tibieza.
No provenía de granjas en verdes prados ni era transportada a diario hasta la tienda porque, simplemente, las vacas ya estaban allí. Mejor dicho, en la trastienda, donde hacían su trabajo, que era dar leche. Si estiraba un poco el cuello, podía verlas.
Hoy la compro pasteurizada, homogeneizada y, si quiero, con la cantidad de grasa, calcio y vitaminas que me interese. Es leche a la carta. Pero ya no percibo a través del tetra brik su tibieza.
Posiblemente he ganado en higiene, pero ya solo veo a las vacas en el dibujo del envase.
Luego le siguió el bodeguero, un hombre de perpetua cara sonrosada y de aspecto bonachón. Con una precisión casi matemática, mezclaba distintos tipos de vino para obtener el resultado deseado por el cliente. Rodeado de decenas de toneles de roble, se movía entre ellos con la soltura que da la profesionalidad y la satisfacción de quien sabe que hace bien su trabajo. Siempre pensé que esos toneles eran para él parte de su familia. En más de una ocasión, incluso, le vi acariciarlos furtivamente.
Ahora compro el vino embotellado y sé que nunca me llevaré sorpresas al saborearlo, pues una etiqueta me indica claramente qué tipo de vino es. Ya no hay lugar para la incógnita ni para ese alquimista, porque el vino se envasa de forma mecánica y precisa en una planta embotelladora.
Pero estoy convencida de que en esa planta, nadie acaricia las botellas como el bodeguero acariciaba sus toneles.
Y así, una larga lista de pequeños comerciantes que, uno a uno, fueron cayendo víctimas de nuestro olvido. El carnicero, la pescadera, el frutero…
Los ajusticiamos dándoles la espalda en aras de la comodidad, la prisa y le economía.
Hoy los busco con nostalgia por mi barrio, cuando me dirijo al supermercado, al hipermercado, a las grandes cadenas de alimentación, a las grandes superficies o a los centros comerciales.
Allí, una entre miles, me dejo llevar por las ofertas del “pague dos y llévese tres”, las marcas blancas, los anuncios por megafonía de lo que es imprescindible comprar y por los cheque descuento en la próxima compra.
Montañas de productos están al alcance de mi mano y nunca falta de nada. Bajo frías luces de fluorescentes, casi cegada como mariposa que revolotea alrededor de la luz, voy llenando mecánicamente el carro de la compra. Pago a una aséptica y distante cajera con la que cruzo un “hola” y un “adiós” y me voy del hipermercado sin haber intercambiado una sonrisa con nadie.
Con la cesta llena, el bolsillo medio vacío y la conciencia que me señala con el dedo.
He hecho una buena compra, no hay duda. Pero a cambio de venderle, hace tiempo, mi alma al diablo.

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miércoles, 9 de febrero de 2011

El significado de todo

No fue una coincidencia,
tampoco casualidad,
ni pirueta de la suerte
o del azar, frivolidad.

Con roja tinta indeleble,
en el libro del Destino,
se escribió que se cruzara
con el mío, tu camino.

Y sin saber de las vueltas
que da el carrusel de la vida,
envuelta en su torbellino
giré y giré, enloquecida.

Sentí el vértigo en la sangre,
del miedo el escalofrío,
el corazón vagabundo
y el alma llena de vacío.

Tuve que llorar mil mares
y beberme gota a gota
de la copa del fracaso,
destilada, la derrota.

Fue preciso naufragar
para llegar a buen puerto
y para calmar mi sed
cruzar a pie el desierto.

Y sangrar con las espinas
para acariciar la rosa
y aprender con las caídas
a ponerme en pie, orgullosa.

Cada traspié era un paso
hacia el cruce de caminos,
con cada salto al vacío
me tendía la red el sino.

Y en él me esperabas tú
para andar codo con codo.
El motivo escondido,
significado de todo.

Respuesta a mis preguntas,
la meta en mi carrera,
descanso a mi fatiga
cual rellano en mi escalera.

No fue una casualidad
ni un encuentro fortuito.
En mayúsculas tu nombre
el Destino había escrito.
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jueves, 3 de febrero de 2011

Con mesura

Bésame en justa medida,
ni poco ni en exceso
y no malgastes tus besos
que aún nos queda mucha vida.

Regálame los precisos,
que yo sabré apreciarlos
si en tus labios, al darlos,
saboreo el paraíso.

Sé distinguir la pasión
de lo que es pura rutina
que es, del amor, asesina.
Besa, pues, con convicción.

Los besos de compromiso
escóndelos bajo llave
hasta que el deseo, suave,
te invada sin previo aviso.

Entonces será el momento
de que les des rienda suelta.
Serán besos de ida y vuelta
y exentos de cumplimentos.

Los que son canela fina,
aquellos que no se olvidan
y que a otros más convidan,
guárdalos cual golosina.

Por si nos vienen mal dadas
y andamos pobres de besos
o no salimos ilesos
del tedio y sus dentelladas.

Haz que me embriaguen, amor,
como aquel del primer día.
Cóctel de miel y ambrosía
del que aún guardo el sabor.

Bésame, pues, con mesura.
Me basta un solo beso
si me lleva al embeleso
y después, a tu cintura.
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viernes, 28 de enero de 2011

Mientras tanto...

A ese sol que me acaricia, como amante,
cada mañana y me despierta con su beso,
le robaré un cálido rayo que, travieso,
jugueteará en tu cabello y tu semblante.

Del firmamento, mi manto azul de estrellas,
escogeré una, quizás la más pequeña.
Tendrá tu nombre, tú serás su dueña
y cuando la mires te reflejarás en ella.

A la luna, mi nocturna confidente,
le pediré que para ti hoy luzca llena,
que te sonría mientras le cuentas las penas
de tu maltrecho corazón adolescente.

Y por la noche, del susurrante viento
que me murmura al oído sus secretos,
tomaré un soplo, el más ágil e inquieto,
para que, lejos, se lleve tu lamento.

Sé muy bien que hoy el espejo te hace daño,
pero yo miro en tu interior, niña bonita.
No le des prisa a esa mujer que en ti ya habita
y deja al tiempo que germine en tus trece años.

Y en la espera, no te canses de tejer
sueños que callas pero que en tus ojos leo,
que si tú ves en ti solo a un patito feo
yo ya vislumbro a un bello cisne hecho mujer.
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viernes, 21 de enero de 2011

Utopía

Políticos embusteros,
ídolos con pies de barro
que esconden tras su oratoria
la burla y el despilfarro.

Ineptos economistas
con aires de suficiencia
que con complejas palabras
maquillan su incompetencia.

Desvergonzados banqueros
de una riqueza insultante
que, sin pudor, su opulencia
exhiben de forma arrogante.

Turbios especuladores,
lobos con piel de cordero
que alimentan con engaños
su codicia de dinero.

Payasos que no hacéis risa,
mamarrachos con poder,
magos de la corrupción,
discípulos de Lucifer.

Vuestra avaricia ha gestado
la crisis que nos ahoga.
En vuestro bolsillo el oro
y en nuestro cuello la soga.

Asesinos de esperanzas,
verdugos de la dignidad,
seguís ejerciendo el mando
con total impunidad.

¿A qué tribunal acudo
para reclamar justicia
por tanto abuso y agravio
de estos ebrios de avaricia?

¿Quién castiga sus desmanes,
pone fin a sus excesos.
los aparta de nosotros
en nombre del bien y el progreso?

¿Quién paga sus tropelías,
restituye lo robado,
devuelve la dignidad
a quienes han humillado?

¿Quién retorna la confianza
a tanta gente engañada
por esta legión de amorales
hijos de la fantochada?

Luché por la libertad,
no por el libertinaje
de quienes nos acorralan
como jauría salvaje.

Luché por un mundo justo,
quizás era una utopía,
pero sigo en la trinchera
hasta el final de mis días.
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domingo, 16 de enero de 2011

Pura poesía

Torpe aprendiz en el arte de escribir,
principiante que nunca debutará,
novata que jamás alcanzará
la habilidad de crear y transmitir.

Hay barreras entre pluma y corazón
que me siento incapaz de derribar.
Me enfurezco si no puedo dibujar
sentimientos con exacta precisión.

Nunca encuentro esa frase magistral
que retrate lo que vive en mi interior,
justa medida de sal que dé el sabor
a lo escrito, y así lo haga especial.

Cual mal pintor solo llego al boceto
de ese cuadro que plasme mis emociones
y el pincel de mi palabra, a trompicones,
se pierde en trazos, dejándolo incompleto.

Pero cuando la pluma son mis dedos,
que por tu cuerpo encadenan versos sabios,
subo a tu boca, me detengo en tus labios,
me inspiro en ellos y entonces sé que puedo

escribir sobre tu piel mi obra maestra
y descubrir que con palabras no escritas
se hace poesía, sublime y exquisita,
lo que siento y que tan solo a ti se muestra.

Solo entonces niego mi mediocridad,
soy la autora de una insigne creación
cuyo prólogo y epílogo es pasión.
Pura poesía convertida en realidad.
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lunes, 10 de enero de 2011

Morada y demorada

Perezosa y sin prisas,
remolona y holgazana,
ignoraba la impaciencia
con que fuera me esperaban.

Flotando entre tibias aguas
y al calor de un seno amante…
¡El mundo podía esperar,
que sin mí ya eran bastantes!

En tan cómoda morada
¿quién pensaba en otra vida?
¡Si ni tan sólo sabía
donde estaba la salida!

Y acomodada en mi nido
tanto atrasé mi llegada
que tuve dos semanas más
a mi madre embarazada.

Chupaba mi dedo pulgar
o jugaba con mis pies...
Fue estupendo hasta que un día
¡horror! ¡Me vi del revés!

Y sentí que aquel refugio
que hasta entonces me albergaba
era cada vez más chico
y poco a poco me asfixiaba.

Había llegado el momento
de salir y dar la cara,
no fuera que a esas alturas
el personal se cansara.

Pero me tomé mi tiempo…
¡no se nace cada día!
Y en mi minuto de gloria
pensé lo que me pondría.

Sin nada mejor a mano
tuve una idea genial.
Cual collar, me lié al cuello
el cordón umbilical.

Mas no duró un minuto
la gloria de mi llegada,
que doce horas pasaron
y mi madre, desquiciada…

Daba el gran paso y lo hacía
el día menos oportuno,
que pudiendo hacerlo el quince
esperé al treinta y uno

de Diciembre y mamá,
rendida y extenuada,
esa noche a las doce,
no quiso uvas, ni nada.

Pues dicen que cuando me vio
se heló la sangre en sus venas
que yo, más que una niña,
era una berenjena.

Porque el tan ansiado bebé
de supuesta piel rosada,
vino dando el primer susto…
¡que la tenía morada!

¡Qué poco glamour el mío
en día tan especial!
Llego tarde y cuando lo hago
luzco un aspecto fatal.

¿Pero no ven que me ahoga
el cordón umbilical?
¡O me dan un chute de aire
o esto pinta muy mal!

Y así estreno mi existencia
sin una queja ni un llanto…
El silencio era mortal
y las caras, de espanto.

Me estaba bien empleado
por coqueta y presumida,
que acabando de nacer
por poco ya pierdo la vida.

¡Plis plas! y el cordón fuera
y yo que sigo callada
hasta que un dolor intenso
me rescata de la nada.

Golpean dos cachetazos
mi diminuto trasero
y lanzo mi grito al mundo
y, de paso, al caballero

que me tiene, por los pies,
boca abajo y desnuda
mientras que todos se alegran
de que no he nacido muda.

¿Esta es forma de tratar
a una dama recién nacida?
¿Es que no había un mejor
comité de bienvenida?

Al fin recobré el color
tras unos minutos de espera.
Todos felices y a mí
me escocían las posaderas…

Por fortuna, nadie más
me ha tenido en tal postura
y han tratado a mi trasero
con bastante más dulzura.

Casi se quedó sin uñas,
esperándome, mi padre
y sus uvas de la suerte
fueron dos, yo y mi madre.

Dan las doce campanadas
a las doce de la noche
y yo, que ya he dado la mía,
pongo al año feliz broche.

Y aunque levanté el telón,
para mi puesta en escena,
morada y demorada
juro que valió la pena.
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viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Feliz 2011!


Quiero compartir con vosotros la alegría de la Nochevieja que, con sus doce campanadas, cierra un año y abre otro y que, quizás por ser vieja, es sabia para saber hacer balance de otro año más vivido.
Y creo que sólo por esto, ya es motivo suficiente para que el balance sea positivo.
Echemos la vista atrás doce meses, hagamos un ramillete con los buenos momentos que, de seguro, todos hemos tenido y coloquémoslo en sitio preferente en nuestro corazón. Es tan grande, que hay cabida para miles de bellos recuerdos y está deseoso de albergar los que todavía están por llegar.
Y los malos momentos, los que duelen al recordarlos pero que forman parte inseparable de nuestra andadura por la vida, guardémoslos en el desván de nuestra memoria, sin olvidarlos, pero lejos de nuestro alcance. Y dejemos que el tiempo haga su trabajo curativo.
Como si de una enorme caja de sorpresas se tratara, destapemos el nuevo año y dejémonos sorprender por la aventura de cada nuevo día.
Así es como deseo entrar en el año que mañana estrenamos y hoy, en el último día del que termina, permitidme también compartir con vosotros la alegría de mi aniversario, de mis recién estrenados 55 años que hoy cumplo y de los cuales, salvo algún que otro paréntesis, me siento muy orgullosa.
Desde mi casita virtual os invito a mi pastel de aniversario, amasado con mucho cariño, y alzo mi copa en un brindis a vuestra salud, por vuestros sueños y, en un día tan especial, también por mí.
Muy pronto volveré a compartir con vosotros mis pequeñas y grandes cosas y a pasearme por vuestros blogs, delicioso recorrido por sentimientos hechos palabra.
¡Os deseo un feliz 2011!
Núria

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!


Vivid esta Navidad con la ilusión de un niño, y como un niño también buscad con ojos ansiosos una estrella en el cielo. Cuando la encontréis, hacedla vuestra. Cualquiera sirve.
Dejad, entonces, que vuestro corazón se suba a ella y dejaos llevar, porque os conducirá a la cuna del amor y de la paz. Tomad de este tesoro cuanto queráis porque hay para todos y para cada día del próximo año.
¡Ojalá mañana por la noche coincidamos en ese maravilloso viaje!

¡Os deseo una feliz Navidad!
Núria

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Hermoso...

Fue hermoso sentir que todavía, a los casi 55 años, una puede sentir un cosquilleo de mariposas en el estómago a la hora de decir “sí”.
Fue hermoso vivir una sencilla ceremonia como uno de los mayores acontecimientos de mi vida.
Fue hermoso sentir un frío 3 de Diciembre como una explosión de la primavera.
Fue hermoso ver a los que asistieron como hacían suya mi alegría y sentir mía la de quienes no estuvieron, pero que ocuparon un gran espacio en mi corazón.
Y ha sido hermoso haber sentido la calidez de vuestros mensajes y la ternura de vuestras palabras, que habéis envuelto con un gran lazo de cariño y que recibo como entrañable regalo de bodas.
¡A todos, muchísimas gracias y hasta muy pronto!
Núria

viernes, 26 de noviembre de 2010

Un agradable respiro...


Mis queridos amigos,

De nuevo me tomo un respiro, porque creo que la ocasión bien se lo merece…
A este mundo mío de pequeñas y grandes cosas, el próximo 3 de Diciembre le añadiré una más, grande, muy grande…
Voy a casarme con la persona que tiene la paciencia, día a día, de soportar mi malhumor matutino, mis continuas meteduras de pata… la persona que me acepta tal como soy, empeñada en escuchar solo a mi corazón y haciéndole oídos sordos a la razón y a la lógica… la persona que, aunque muchas veces no me entiende, siempre me comprende.
Alguien que, para estar conmigo, tuvo la valentía de lanzarse al vacío, sin red, y emprender la aventura de compartir su vida con esta aprendiz de todo y licenciada en nada, que vive para vivir y que nunca perdió, por el camino, a esa niña que un día fue...
Y con esa ilusión, casi infantil, quiero compartirlo con vosotros, mis amigos y seguidores, dejando de nuevo, por una temporada, mi blog en vuestras manos, que es donde mejor puede estar.
Sé que lo cuidaréis con el mismo cariño que yo os tengo y, con este cariño, brindaré por vosotros el próximo día 3.
Hasta mi vuelta, os dejo mi más cálido abrazo!

Núria