
cuando me cierren los ojos,
sólo queden mis despojos
hechos cenizas al viento…
Cuando alaben mis virtudes
y se obvien mis defectos,
me hagan un ser perfecto
digno de mil gratitudes…
Hasta entonces seguiré
a la brújula de mi corazón
y pediré a la razón
perdón por cuanto la ignoré.
Hasta ese preciso instante
seguiré creyendo en mí
y en la fuerza que me dí
para seguir adelante.
De poco he de arrepentirme,
para alegrarme de mucho
mientras mi último cartucho
se consume antes de irme.
Los regalos que la vida
ha tenido a bien en darme,
todos, voy a llevarme
con el alma agradecida.
A mi amiga la conciencia
felicitaré, orgullosa,
por ser guardiana celosa
de mis principios y creencias.
A los que habré sido fiel
del principio hasta el final
y para bien o para mal
habrán sido mi cincel.
Brindando, si es que puedo,
por aquellos que se quedan
y por los que ya me esperan
me iré en paz y sin miedo.