
Quiero compartir con vosotros la alegría de la Nochevieja que, con sus doce campanadas, cierra un año y abre otro y que, quizás por ser vieja, es sabia para saber hacer balance de otro año más vivido.
Y creo que sólo por esto, ya es motivo suficiente para que el balance sea positivo.
Echemos la vista atrás doce meses, hagamos un ramillete con los buenos momentos que, de seguro, todos hemos tenido y coloquémoslo en sitio preferente en nuestro corazón. Es tan grande, que hay cabida para miles de bellos recuerdos y está deseoso de albergar los que todavía están por llegar.
Y los malos momentos, los que duelen al recordarlos pero que forman parte inseparable de nuestra andadura por la vida, guardémoslos en el desván de nuestra memoria, sin olvidarlos, pero lejos de nuestro alcance. Y dejemos que el tiempo haga su trabajo curativo.
Como si de una enorme caja de sorpresas se tratara, destapemos el nuevo año y dejémonos sorprender por la aventura de cada nuevo día.
Así es como deseo entrar en el año que mañana estrenamos y hoy, en el último día del que termina, permitidme también compartir con vosotros la alegría de mi aniversario, de mis recién estrenados 55 años que hoy cumplo y de los cuales, salvo algún que otro paréntesis, me siento muy orgullosa.
Desde mi casita virtual os invito a mi pastel de aniversario, amasado con mucho cariño, y alzo mi copa en un brindis a vuestra salud, por vuestros sueños y, en un día tan especial, también por mí.
Muy pronto volveré a compartir con vosotros mis pequeñas y grandes cosas y a pasearme por vuestros blogs, delicioso recorrido por sentimientos hechos palabra.
¡Os deseo un feliz 2011!
Núria