
tiembla la pluma en sus dedos
cuando intenta plasmar
en el papel sus deseos.
Día tras día intenta
que el miedo no le traicione,
que la vergüenza no ahogue
ese raudal de emociones.
Se enfurece cuando piensa
que solo en sueños se atreve
a mirarse en sus ojos
y a decirle que la quiere.
Desde su amor escondido
la observa, cual bailarina,
moverse liviana y sutil
entre mesas de oficina.
“Si se fijara en mí…
pero soy tan poca cosa.
Alguien corriente y normal
y ella es tan hermosa…”
Prisionero es de las horas
que la separan de ella,
desde el viernes hasta el lunes
no hay en su cielo una estrella.
En su eterna indecisión
el tormento dura meses
hasta que un lunes cualquiera
la que ama, no aparece.
Le dicen que se largó
con un tipo impresionante
y el mundo bajo sus pies
de repente se le abre.
“Ni llegó a fijarse en mí…
claro, soy tan poca cosa.
Alguien corriente y normal
y ella era tan hermosa…”
Pasa el tiempo que, muy sabio,
cura un poco su herida.
El fracaso duele menos
pero el corazón no olvida.
Y en una de esas jugadas
magistrales del destino,
al salir de la oficina
se la encuentra en su camino.
Ni rastro de lo que era…
¿Dónde quedó su belleza,
esa alegría en sus ojos,
sus andares de princesa?
La mira por primera vez
sin vergüenza y sin temor
y en un instante le invade,
de nuevo, el antiguo amor.
Reflejándose en sus ojos
enmudecen las palabras.
Pasa un minuto…¿o son horas?
hasta que ella le habla.
“Me conquistó cual trofeo…
aún no sé porque lo hizo.
Luego se olvidó de mí,
tan breve fue el hechizo…
Si supieras cuantas veces
suplicaba tu mirada
Solo en sueños me atrevía
a mirarte a la cara…
Si se fijara en mí…
se cree tan poca cosa.
Para mí es tan especial
y él tan solo me ve hermosa…”