
No es guapa, pero sus ojos
reflejan tanta belleza
que a su paso, más de uno,
se prende de su tibieza.
Esconde un alma bohemia
vestida de sencillez,
lo que le ofrece la vida
se lo bebe de una vez.
No es mucho pero da igual,
es feliz y poco espera,
tan solo que a su libertad
nada le ponga barreras.
Canta en invierno y verano,
cigarra tendida al sol
y se ríe aunque la vida
a veces le cuele un gol.
Solo es su amiga luna
testigo de esa pasión
a la que a solas le entrega
cuerpo, alma y corazón.
Celosa de sus sentimientos
escribe, solo para ella,
y en cada uno de sus versos
hay un reflejo de estrellas.
Y sueña con ese día,
mientras escribe de noche,
en que el azar le regale
de amor, todo un derroche.
Pero unas noches al mes
pasión y sueño abandona
para correr a ese bar
de música machacona.
En donde sirviendo copas
para aburridos clientes
gana un sueldo que es escaso
pero que le es suficiente.
Y entre copas y más copas,
hasta que despunta el día,
su mente hilvana versos
y va tejiendo poesía.
Cansado de la oficina
él pasaba por allí,
ejecutivo agresivo
pendiente de Wall Street.
La Bolsa con sus vaivenes
llena de cifras su mente,
frío mundo que decoran
secretarias imponentes.
Quiere tomarse un respiro
y topa con ese bar,
duda por unos instantes
y, al fin, se decide a entrar.
Con su traje hecho a medida
y su corbata de seda
desentona entre tejanos
y piensa si se va o se queda.
Si se va, nadie le espera
en su casa de diseño
donde también con la luna
comparte un secreto sueño…
Que no precise comprar
compañía cada noche
y que el azar le regale
de amor, todo un derroche.
Duda entre pagar caricias
o brindar consigo mismo…
Piensa: “un trago es más barato”
sonriendo con cinismo.
La ve, pero no la mira
cuando le pide la copa
a esa joven, tras la barra,
hasta que en sus ojos topa.
Siente que el vaso helado
al calor de esa mirada
se derrite, y se despierta
su alma aletargada.
Metódico y previsor
de su vida y de sus actos
se estremece al recibir
de sus ojos, el impacto.
Al rey de la oratoria
le tiembla también la voz
y solo escucha el latido
de su corazón, veloz.
Por primera vez, en años,
vuelve a sentirse vivo
y busca en esa muchacha
donde esconde su atractivo.
Poco agraciada y, aún así,
su sonrisa es tan bella
que entre cientos de bellezas,
brillaría cual estrella.
También queda ella atrapada
en ese hombre elegante
que, caído de otro mundo,
le resulta fascinante.
La mira de una manera
que la hace sentir especial
y siente que un escalofrío
recorre su espina dorsal.
Se funde el hielo en la copa,
se rompe el hielo entre ellos…
Una barra entre los dos
Y la luna en el cielo.
Ella le abre el corazón
y le habla de sus poesías,
él, de su aburrida vida
atrapada en grises días.
Y navegando los dos
en un mar de confidencias
saben, al cerrar el bar,
que ha cambiado su existencia.
Quien no durmió en su casa,
lo hizo en el Edén.
Testigo fue solo la luna
que se vistió de satén.
Quien dijo el primer “te quiero”
muy poco importa porque,
mirándose a los ojos,
dijo el otro “yo también”.
Y la luna lució, llena,
su gran sonrisa esa noche
en que el azar les regaló
de amor, todo un derroche.