sábado, 22 de agosto de 2009

Puesta de sol en Santorini

El brillante azul del cielo era tan intenso que casi cegaba el mirarlo. Su luminoso resplandor se confundía y entremezclaba con el del mar, sereno y tranquilo, y apenas podía distinguirse la línea divisoria del horizonte; tal era la simbiosis entre cielo y mar.
Donde fuera que dirigiera mi mirada, el mar estaba siempre presente, como un inmenso lazo azul rodeando Santorini. Las casas, de un blanco inmaculado, y esparcidas por toda la isla, descendían desde lo más alto de la misma casi hasta la orilla del mar y, como cientos de blancas gaviotas, contrastaban alegremente con el omnipresente azul que las envolvía, el azul que las abrazaba desde el cielo y desde el mar.
Pero no sólo el azul y el blanco eran los colores protagonistas. Algunas de las casas, con sus fachadas pintadas con vivos colores, en perfecta armonía, salpimentaban ese conjunto blanco y ofrecían una imagen casi de cuento infantil.

Con tan perfecta sintonía de colores, Santorini me embriagaba con su belleza, una belleza que me sorprendía en cualquier esquina, en la más recóndita de sus calles...cúpulas de iglesias de un azul lapislázuli, rojos geranios adornando las ventanas, violetas buganvillas adueñándose de los muros encalados, mil tonalidades de verde en los patios interiores de las casas….y el Sol, que multiplicaba ese efecto colorido y mediterráneo. Calles empedradas, limpias, coloridas y perfumadas…Si hubiera tenido que definir la esencia del Mediterráneo, sin lugar a dudas, hubiera dicho Santorini.
Subí a un pequeño montículo, el más alto de la isla, desde el cual se decía podía verse en todo su esplendor la puesta del Sol. Como era de prever, no era yo la única que acudía allí para presenciar el espectáculo…Aún así, logré encontrar un sitio privilegiado y me acomodé a la espera de lo que estaba ya a punto de suceder.

El Sol, aún en su máximo esplendor, empezó muy lentamente a descender de su trono azul y, como por arte de magia, todos los colores del paisaje que me rodeaba empezaron a alterarse y a adquirir nuevas tonalidades. A medida que el cielo se iba oscureciendo y perdía poco a poco su intenso brillo, el mar adquiría una hermosa tonalidad, primero anaranjada, luego rojiza, y en su momento álgido, se tornó en un rojo tan intenso que parecía iba a arder, al igual que el astro rey. El blanco impoluto de las casas se iba transformando hasta tal punto que ya no eran blancas, sino rosadas. Las fachadas con vivos colores apaciguaban su intensidad y todo el paisaje suavizaba sus tonos…Sólo el Sol, ahora ya de un rojo intenso, era una explosión de color en un fondo ya oscurecido por las incipientes sombras. Como en una despedida lenta y majestuosa, descendió suavemente hasta perderse totalmente de vista.

Cuando dejó ya de ser totalmente visible, tras unos cortos segundos de silencio ante tanta hermosura, todos los que habíamos sido espectadores mudos de tal belleza, estallamos en aplausos y en gritos de alegría…Como ante una magistral representación de la Naturaleza, aplaudíamos por el bello colofón de un día más, aplaudíamos como pidiendo una repetición que no se produciría hasta el día siguiente…aplaudíamos, pienso yo, agradecidos por ese regalo diario que es la vida y toda la belleza que la rodea.

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5 comentarios:

Taty Cascada dijo...

Mi querida e inspirada amiga, espero que algún día los magos del universo,sean pródigos conmigo, y me regalen la dicha de ver una puesta de sol, en ese lugar...De esa forma me ataré al Mediterraneo en su esencia, en su resplandor...Muy bella redacción...

Cariños desde
Santiago de Chile

Tatiana

Rocio dijo...

Yo tambien quisiera ver una puesta de sol, o un atardecer en Santorini, espero algun dia hacerlo, si no es asi, pues ya lo vi ahora contigo
Besos con admiracion y cariño
Rocio de Mexico

Núria dijo...

Rocío, es imposible para mí de describir toda esa belleza pero si conseguí, en algo, que tú la vivieras, ya me doy por satisfecha.
Gracias por tu comentario y un abrazo!
Núria

Mª Rosa dijo...

Desde que vi Santorini en alguna parte de Internet me fascino, ahora con tu relato me viene a corroborar mi buena intuición, lo relatas tan bien que has hecho que lo disfrute como si estuviera allí ¡¡que maravilla!! Algún día me gustaría presenciar esa maravilla en directo, ya se lo dije a mi marido el día que lo vi, así que lo tengo pendiente. Gracias por hacernos participes de esa experiencia tan bonita.

Besitos
Mª Rosa

Núria dijo...

M! Rosa, gracias a tí por leerme. Te aseguro que la realidad supera en mucho lo que relato...es impresionante!
"Machaca a tu marido hasta el cansancio, porque vale pena!...:)
Un fuerte abrazo!
Núria