miércoles, 9 de diciembre de 2009

El brillo de sus ojos

Le desesperaba verla así. Sentada en su butaca junto a la ventana y con la mirada perdida en la lejanía, vacía de toda emoción y sin ese brillo que antes, tan fácilmente, asomaba a sus ojos y que a él tanto le gustaba descubrir.
La recordaba tan bonita, alegre y vital, que ahora se negaba a aceptar que sólo fuera una sombra de lo que había sido.
Pero no era el paso de los años, no, con su lógico deterioro físico, lo que la había dejado reducida a casi nada. En absoluto le importaba que hubiera perdido su esbelta figura o la tersura de su piel porque aún ahora al mirarla, inmóvil y distante, le seguía pareciendo tan hermosa como el primer día que la vio No le dolían esas pérdidas, inevitables, que se habían quedado por el camino recorrido juntos. Nada de eso echaba en falta,
Tan solo una única cosa: el brillo de sus ojos, que se había perdido a la vez que perdía, también, su pasado y su identidad. Y sin eso, era como haber perdido su vida.

Estaba preparado para afrontar junto a Rosa la vejez y sus lógicas limitaciones. Incluso había imaginado que se sentirían rejuvenecer al recordar tanta vida compartida, Estaba preparado para todo, menos para esta maldita enfermedad que se había apoderado de ella con una rapidez endiablada. Ni siquiera había podido hacerse a la idea cuando ya Rosa ni siquiera recordaba su nombre. Todos a su alrededor eran extraños a los que miraba con ojos asustados y sólo a veces, por unos segundos, parecía tener un momento de lucidez. Entonces, de nuevo, brillaban sus ojos.
Pero de la última vez hacía ya mucho tiempo.
Ahora la miraba y veía de nuevo esa mujer ágil e inquieta de cuerpo y mente. Devoraba los libros con la misma facilidad con que sonreía cada vez que le descubría observándola entregada a la lectura, recortado su perfil contra ese mismo cristal que ahora la reflejaba lejana y ausente. Cuando no leía, tecleaba frenéticamente en esa vieja máquina de escribir que ahora ya no era más que una pieza de museo. A menudo le preguntaba qué escribía y ella, enigmática, se limitaba a sonreír y decirle: “Nada importante, cariño. Historias que me invento” Y volvía a sumergirse, feliz, en su escritura.

Nunca se le ocurrió indagar a escondidas lo que escribía. Le hubiera parecido una intromisión casi obscena en su intimidad, una muestra de desconfianza que ella no se merecía. Pero algunas veces no podía evitar sentir una punzada de celos, cuando la veía entregada con tanta pasión, porque sabía que en esos momentos Rosa no le pertenecía y que aquellas cosas “sin importancia” por unas horas la alejaban de él
Hoy, día de Navidad, un año más comparte con su familia una deliciosa comida que, esta vez, ella no ha podido preparar. Sentado a su lado, debe hacer un esfuerzo por sonreír y participar del entrañable encuentro, al que Rosa es ajena totalmente.
Risas, brindis y el alboroto de los nietos ante la presencia de los regalos que, bajo el árbol de Navidad, esperan ser abiertos. Le resulta terriblemente cruel saberla tan ausente, abandonada en esa isla perdida que ahora es su mente.
Y en su cabeza aún resuena, como un eco, el sonido de su risa, nerviosa, al abrir los regalos…

Sabe que nada despertará su alegría pero, aún así, le ha comprado un chal de seda, azul como sus ojos, hermosos aunque ya no brillen. Se lo entrega y ella, sin abrirlo, lo mira fijamente. De pronto se levanta y va a su habitación. El silencio reina en el salón y todos se miran extrañados cuando aparece de nuevo con un enorme paquete en sus manos, atado con un lazo rojo y un nombre escrito en el envoltorio.
“¿Quién es Juan?” pregunta mirándolos uno a uno.
Él avanza hacia ella. “Soy yo, cariño, tu marido ¿recuerdas?” Y de nuevo topa con esa mirada suya que tanto daño le hace.
“Entonces esto es para ti” dice entregándole el paquete.
Sorprendido, desata el lazo y rasga el papel. Queda al descubierto una gran caja que abre con manos temblorosas. En su interior, cientos de folios escritos a máquina y una nota de Rosa: “Mi querido Juan, mi amor, si alguna vez abres este paquete será porque yo ya no puedo recordaros. Estaré nadando en las aguas del olvido y mi memoria habrá naufragado. No quiero ser alguien sin pasado, porque de ser así, estaré muerta. No dejes que esta enfermedad me robe el tesoro de mis recuerdos. Aquí está escrita gran parte de mi vida, esas “tonterías” que yo te decía. Léeme un poquito cada día y recuérdame quien soy y como fui. Devuélveme la vida a través de los recuerdos”.

Con un nudo en la garganta, él escoge un folio al azar: “Hoy es Nochebuena y ha nacido nuestro primer nieto. Soy tan feliz que he llorado como una niña. Será, sin duda, el más hermoso de mis recuerdos de Navidad”.
Él la mira con todo el amor de tantos años reflejado en sus ojos y, como si de un milagro se tratara, descubre que en los de Rosa, por primera vez en mucho tiempo, se ha encendido de nuevo el brillo que tanto añoraba.

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10 comentarios:

Mª Rosa dijo...

Un bonito y triste relato, me has emocionado Nuria, se me han vuelto a saltar las lagrimas, creo que una de las cosas peores que te pueden pasar es el perder la memoria y por desgracia es una enfermedad que cada vez se va extendiendo más, haces una descripción muy real de cómo se vive una situación así, la madre de una amiga de mi hija empezó muy joven con principio de alzehirme y aunque la han ido sujetando un poco para que no le fuera tan rápido, ahora está la pobre perdida, su marido está siempre pendiente de ella y le duele muchísimo verla así. Una historia tan real, que nos puede pasar a cualquiera de nosotros.

Un abrazo muy fuerte
Mª Rosa

Núria dijo...

Querida Mª Rosa, no es mi intención poner tyriste a nadie, aunque el tema lo es, lo sé.
Lo empecé a escribir sin saber nada del problema de mi madre y aunque, afortunadamente, no es nada si se compara con éste, no pude dejar de relacionarlo...
Voy a ver si pongo algo un poco más alegre...alguno de mis despiste, por ejemplo, que tengo muchos...jaja...
Gracias, guapísima, por tu visita y tu comentario. A ver si en el próximo consigo que se te salten las lágrimas...pero de risa, vale???
Un fuerte abrazo!
Núria

Esperanza dijo...

Núria, que relato, parece que estabas contando la historia de mis padres, que por desgracia la estamos vivendo en estos momentos. Todos sufrimos mucho, pero mi padre, su marido, se está muriendo con ella. Se me ha roto el corazón, pero es la triste y cruda realidad de esa horrible enfermedad.

alma máter dijo...

Precioso relato Nuria. Triste y conmovedor.
Me ha gustado mucho!

Un beso.

Núria dijo...

Esperanza, no sabía de este problema con tus padres...Ahora te contestaré al mail que me has mandado para ponerte al día de mi situación que, aunque ni de lejos tan dramática como la de tus padres, me ha encendido las lucecitas de alarma...
´Como dices, sí que pienso muy a menudo en las personas que sufren esta enfermedad...Siempre he pensado que no hay que olvidar a los que olvidan...
Gracias por tu visita y tu comentario, guapa!
Un beso,
Núria

Núria dijo...

Alma Mater, sé que es triste, pero la realidad también tiene esta cara...
A ver si las musas me inspiran algo más alegre la próxima vez!
Gracias, guapa, por tu visia!
Un beso,
Núria

karla dijo...

Que situaciones tan tristes. Cuando lo estaba leyendo el nudo en la garganta se me ponía a mi. Sé que estas pasando unos días ocupada con tu madre. Espero que se recobre y vuelva a su aactividad normal. Besos karla/Carmen

Núria dijo...

Gracias, Carmen! Espero que sí...ahora,que todavía no sé nada a lo que atenerme, me ronda de todo por la cabeza...Yo también espero que todo se normalice y, sea lo que sea, se pueda coger a tiempo.
Gracias, guapa, por tu visita. Un fuerte abrazo!
Núria

susagna dijo...

Flor!!! bufff, brutal!

Núria dijo...

Flower!!! T'ha agrtadat?
Gràcies per visitar el meu "refugi"...
i per afegir-te com a seguidora!
Un petonás, guapa!