miércoles, 7 de abril de 2010

Sábanas tendidas al sol

Era un impacto visual que casi me cegaba. Me obligaba a cerrar los ojos de golpe y a detener mi alocada carrera hacia ese cuartito del terrado donde mi abuelo tenía su taller de ebanista y en donde, a pesar de estar entregado en cuerpo y alma a su trabajo, estoy segura aguardaba mi llegada, alborotada y feliz, al regreso de la escuela.
Despacio, abría poco a poco los ojos hasta poder mirar de frente ese blanco cegador que ante mí, como una pared, me cortaba el paso y casi me obligaba a retroceder.

Cuando ésto sucedía, por unos momentos, sentía que mi territorio había sido invadido, que mi pequeño gran mundo al aire libre, en donde yo era la princesa de todos los cuentos, la aventurera más intrépida, la corredora más veloz a lomos de mi patinete, había sido ocupado por metros y metros de sábanas blancas que, en una alineación casi militar, me cerraban el paso.
También sabía que era viernes, día de colada en casa, día en el que las dos mujeres de la familia, mi madre y mi abuela, dejaban buena parte de su energía en esa pesada tarea de lavar enormes sábanas a mano.

Pero ya una vez aceptada como inevitable esa invasión territorial, llegaba incluso a olvidar a mi abuelo y, entusiasmada, me lanzaba a dar rienda suelta a mi imaginación, que no era poca, convirtiéndome en protagonista de mil fascinantes aventuras.
De repente, los estrechos pasillos que, entre sí, formaban las sábanas tendidas al sol se convertían, gracias a mi fantasía, en misteriosos pasadizos secretos de un castillo en donde yo me adentraba a la búsqueda de un tesoro. Minutos más tarde, se transformaban en estrechas gargantas de un desfiladero donde yo, en veloz carrera, escapaba de las fauces de algún monstruoso animal.

Aguerrida aventurera, intrépida amazona… Zigzagueando por entre las sábanas, con mis trenzas al viento y mis rodillas peladas, yo era siempre la heroína de alguna improvisada aventura que, por supuesto, siempre tenía un final feliz y en la que salía victoriosa e indemne de todos los peligros.
A veces, en el momento más emocionante de mis correrías, unas voces me detenían en seco y me obligaban a volver a la realidad. Era la voz de mi madre, o de mi padre, o de los dos a la vez, que me llamaban para comer. Mi aventura, entonces, abandonaba el mundo de la fantasía y se convertía en real. Y así daba comienzo otro juego que ya conocía.

Callada, casi sin respirar y sin apenas hacer un movimiento, esperaba a que me reclamaran de nuevo. Ignorando que mis diminutos pies asomaban por debajo de las sábanas, y suponiéndome tras de ellas totalmente a resguardo, aguardaba inmóvil.
Mis padres, convertidos en cómplices de mi juego y esquivando el pasar por donde yo estaba escondida, simulaban una desesperaba búsqueda de mi personita, preguntándose el uno al otro con un estudiado tono de preocupación en su voz: “¿Pero donde se habrá metido la niña?... No la veo por ninguna parte…”

Yo contenía una risa nerviosa y, como en un teatro de sombras chinescas, veía al trasluz de las sábanas la silueta de mis padres intentando encontrarme.
Y seguían: “Pues no consigo encontrarla… mira que si se ha ido…”
Mi nerviosismo iba en aumento a medida que sentía su proximidad y veía, por debajo de las sábanas, sus pasos acercarse a mí, ajena a que de la misma forma que yo los veía a ellos, ellos me veían a mí.
“¡Aquiiiiiiiiiiiiii!” gritaba la voz de uno de ellos, atrapándome al vuelo y alzándome por los aires mientras yo estallaba en carcajadas nerviosas y felices y observaba en sus rostros sonrisas de complicidad.

Y era entonces, una vez finalizado el juego, cuando me recreaba en algo que, sin saberlo yo entonces, se convertiría en una especie de ritual toda mi vida.
Delicadamente, paseaba mis manos por las sábanas todavía húmedas y que, mecidas por la brisa, parecían bailar al son de un ritmo lento y acompasado. Me impregnaba de ese peculiar olor a ropa limpia, a ropa recién lavada con jabón de pastilla y lejía. Un olor que se mezclaba con el aroma fresco y perfumado del aire primaveral. Un olor que me resultaba casi embriagador y que, para siempre, ha quedado grabado en mi memoria.

Han pasado muchos, muchos años. Hoy, en el terrado de mi infancia ninguna sábana me cierra el paso. Pero aún así, a menudo me detengo donde antes solía hacerlo y cierro los ojos. Es entonces cuando todavía creo oír la risa de una chiquilla y, si aspiro profundamente, me llega de lejos el olor inconfundible y limpio de las sábanas tendidas al sol

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16 comentarios:

Mª Pilar dijo...

Es una bonita historia, me imagino que vivida por ti en tu infancia.
¡¡Quién no se ha escondido entre las sábanas impolutas!!
En mi casa se tendían en la azotea, pues como éramos 17 personas, no cabían en los tendales de los balcones.
Muy bonito Nuria.

Por cierto, pásate por mi blog que tengo una cosa para ti.

Un beso

Pilar

Núria dijo...

Querida Pilar, en efecto, era yo.
Por supuesto...quien no ha jugueteado alguna vez entre las sábanas???
Ahora, con las secadoras, cada vez se ve menos esa imagen que a mí siempre me ha gustado tanto...Gracias por tu visita, guapa, y por tu comentario.
Un beso!
Núria

Estrella del Mar dijo...

Bonita historia Nuria, que nos recuerda a nuestra niñez, me has hecho recordar mis bellos recuerdos cuando yo acompañaba a mi madre al río a lavar la ropa y aquellas sabanas blancas tendidas en los tarajes, y yo mientras me bañana bajo la atenta mirada de mi madre, uff, muchas gracias, me encanta tu blog, un saludo cariñoso de LOLA.

Taty Cascada dijo...

Amiga mía:
Más que las sábanas puestas como entradas a cavernas y mundos distantes, lo que extrañanos es la capacidad de evadir la realidad, retornar a la querida niñez.
Creo que ambas extrañamos la fantasía infantil, por eso nos gusta tanto escribir.
Un beso mi catalana querida.

Núria dijo...

Lola, muchas gracias por tu visita! Me alegro mucho de que te guste mi blog y que mi escrito de las sábanas blancas, al igual que a mí, te hayan transportado de nuevo a la infancia.
Cuantas vivencias con las sábanas tendidas al sol como testigos, no?
Gracias de nuevo por tus palabras y por entrar en mi casita virtual. Sé bienvenida!
Un abrazo!
Núria

Núria dijo...

Querida Tatiana, de nuestra fantasía infantil queda el bello recuerdo y la capacidad que nos dio para poder evadirnos de la realidad. Y escribir es, tanto para tí como para mí, una evasión maravillosa.
Mil cariñitos, amiga mía!
Núria

Esperanza dijo...

Núria, a mi me ocurre lo mismo, me ha recordado a mi infancia, que tiempos... hoy el día ya no es lo mismo, igual que nosotros tampoco lo somos, por eso se dice, que cualquier tiempo pasado fue mejor, yo pienso que ni mejor ni peor, simplemente diferente ¿no crees?

Núria dijo...

Esperanza, pienso exactamente lo mismo que tú. El pasado no fue mejor ni peor, solo distinto. El mejor tiempo es el que vivimos ahora...quedarse anclado en el pasado es vivir de recuerdos y de la nostalgia, y eso mo es bueno...
Gracias, guapa, por tu visita!
Te mando un fuerte abrazo!
Núria

Jairo Andres Loaiza-Espinoza dijo...

Nuria querida, que lindo relato... siempre es bueno recordar aquellos momentos de la infancia, buenos o malos... no importa pues de todo se aprende... me agrada saber un poco mas de vos a través de estos relatos mágicos...

Gracias por pasarte por mi blog, lastimosamente momentos difíciles me han impedido pasarme a menudo por los blogs de amigos.... pero aquí estoy en el poco tiempo pasándome para leerte y darte mi fraterno saludo....

Gracias por el reconocimiento y premio... me alaga mucho... y nuevamente te lo agradezco... no se si me lo puedo llevar y ponerlo en mi blog y pasarlo a otra persona como vos muy generosamente has hecho conmigo.. en todo caso te agradezco mucho Nuria...

Te envió mis mejores deseos de corazón... y que tengas felices días amiga.

un abrazo.

JALE

Núria dijo...

Querido Jairo, lamento mucho esos difíciles momentos por los que estás pasando..No sé de que se trata, pero deseo de todo corazón que pronto se solucionen. Si en algo puedo ayudarte, aún en la distancia, ya sabes que aquí tienes a una amiga.
El premio puedes "llevártelo", por supuesto, y ponerlo en tu blog. Y también puedes concederlo, a su vez, al blog o blogs que sean de especial agrado para tí.
Te lo concedí a tí porque tu blog se lo merece, por ser puro sentimiento a través de las palabras.
Con todo mi cariño,
Núria

maluferre dijo...

Gracias Nuria....me hace mucha ilusión que me hayas entregado un premio. Lo recibo con mucho cariño y espero seguir siendo merecedora de dicho premio.

En cuanto a tu escrito, te diré que muchas veces cuando te leo me siento muy identificada con lo que cuentas pero no sé expresarlo como tu....¡¡me encanta como escribes!!

Besos

Mª Rosa dijo...

Me encanta todo lo que escribes ¿ya te lo he dicho alguna vez verdad? tienes la virtud de hacerme volar en el tiempo, muy bonito y emotivo tu escrito ¿Quién no ha vivido cosas así en su infancia? En mi infancia la imaginación era necesaria, teníamos tan pocas cosas materiales que yo recuerdo a mi padre haciendo un camión a mis hermanos de una caja de zapatos, fíjate si había que echarle imaginación, pero éramos felices y eso era lo más importante y es que se necesita tan poco para ser feliz. He tenido el ordenador con un virus y he estado unos días sin poder entrar a Internet, después de la alegría de tener de nuevo mi ordenador operativo, este escrito tuyo ha sido lo más satisfactorio. Gracias Nuria por estos ratitos tan agradables que me haces pasar con tus escritos.

Un abrazo muy fuerte
Mª Rosa

Núria dijo...

Iris, lo que yo cuento suelen ser cosas que casi todos hemos vivido, especialmente si somos de la misma generación, como creo que es el caso...
Yo las expreso a mí manera, pero estoy segura de que tú sabrías hacerlo también a la tuya...Precisamente ahí radica uno de los encantos de escribir...Cuando algo sale del corazón, es siempre de una forma muy particular y personal, lo cual nos diferencia a unos de otros...Todos podemos decir lo mismo con diferentes palabras...No es ésto bonito?
En cuanto a lo del premio, te lo mereces. Te contesto en tu blog.
Besos!
Núria

Núria dijo...

Querida Mª Rosa, sí...siempre me lo dices y nunca me cansaré de agradecértelo.
Todos los nacidos en una determinada generación hemos pasado por vivencias muy similares, como es el caso de las sábanas al sol...
Me alegro mucho de que te haya gustado, de que tu ordenador esté de nuevo en pleno rendimiento y, como siempre, gracias por tu visita y por tus palabras, que me animan a seguir escribiendo, cuando sé que con ellas puedo acercame a otra personas y, por supuesto, entre ellas tú.
Un fuerte abrazo, guapetona!
Núria

lunademaria dijo...

niña , ha sido realmente agradable leerte ,me has devuelto mi niñez mi madre tenia siempre muchos trapos tendidos lavaba la ropa a los señoritos, como decia mi madre yo era mas atrevida me subia en la cama de mi madre donde ella colocaba toda la ropa limpia y planchaba y yo me ponia todos los camisones de las señoras y claro yo ya era una gran señora jaja hasta que llegaba mi madre jaja que tiempos es bonito recordarlo de vez en cuando .

gracias por llevarme hasta allí,gracias por compartir un besote grandote

lunademaria

Núria dijo...

Lunademaría, eso se llama luchar contra las diferencias sociales...jajaja...Aunque tú eres una gran señora. No hubieras necesitado ponerte esos camisones pero...porque será que de pequeñas eso nos encantaba a todas??? A ver si escribo algo sobre eso, que me has dado una idea...
Gracias a tí por viajar conmigo en el tiempo, cada una a su respectiva niñez.
Te mando un besote enorme!
Núria